sábado, 23 de junio de 2007

Una del Dr. Rodríguez

Eran las 12:35 pm y Ernesto Rodríguez esperaba a su compadre Ignacio a las puertas del establecimiento donde acostumbraban a almorzar los Viernes, un local de entrada casi imperceptible y que había recibido el remoquete cariñoso de "Los Batitubos" por asiduos y conocedores. De improviso escucha una voz algo familiar que lo llama.
- Erneesto!!!
- Coñ... mi mujer- pensó él, mientras instintivamente se arreglaba la corbata y los puños de la camisa para que sólo sobresalgan 2 dedos de la chaqueta del traje. Instantáneamente su esposa cruza la calle, le estampa un beso en la mejilla, como para asegurarse que haya transferencia de labial y le suelta la pregunta de rigor:
- ¿Qué haces aquí?
- Esperando a unos clientes japoneses para almorzar, pero por lo visto me plantaron
- Ay Ernesto hace tanto tiempo que no me llevas a almorzar afuera ¿Por qué no aprovechamos que estamos aquí y almorzamos juntos?
- Ehh... claro, por qué no... - diez segundos no fueron suficientes para inventar una excusa creíble que convenciera a Susana de no entrar a almorzar; por lo que Ernesto ya se encuentra con la mano sobre la puerta.


El portero se le adelanta y con una hospitalaria sonrisa le saluda "Buenas tardes Dr. Rodríguez bienvenido". Mientras recorren un oscuro pasillo Susana interroga:
- Ernesto que lugar tan extraño, y ¿el señor te conoce?
- Sí querida, sabes estos asiáticos tienen gustos exóticos y bueno sabes por una propina esta gente es capaz de aprenderse la guía telefónica, es su trabajo.
Llegan al salón y una mesonera los recibe "Dr. Rodríguez su mesa está lista", la muchacha con una mini falda negra y una camisa blanca abierta hasta el tercer botón dejaba poco a la imaginación. La esposa le lanza una mirada de esas que dicen más que mil palabras y Ernesto le replica.
- Ya te lo expliqué mi amor, las propinas
Regresa la mesonera y pregunta "¿qué va a tomar la sra.?"
- Una Pepsi Light - dice Susana más preocupada porque la mesonera estaba apunto de sacarle un ojo a Ernesto con su portentoso escote que por su bebida. "¿y para ti lo de siempre papi?" Ernesto no supo sino asentir, mientras veía el rostro de su esposa enrojecer.


A un cierto punto se encienden unos potentes faros y alumbran el centro del salón, apuntando a lo que parecía ser una pasarela de modas, sólo que en este caso estaba coronada por un tubo dorado que iba del piso al techo. Una voz de presentador de circo grita "Con uds. la fenomenal, la sexy, la irrepetible JENNY" y al son de música electrónica aparece una morena escultural vestida de colegiala, quien bailando con el tubo se iba quitando la ropa. Susana estaba muda y en estado de shock cuando a Jenny sólo le quedaba encima un pequeño tanga y pregunta mordiéndose el meñique "¿alguien me la quiere quitar?". En eso comienza un rumor en la sala que se iba acrecentando como la llegada de un huracán "Se ve, se siente, Ernesto con los dientes", al coro se suman vasos que se golpean las mesas, "Se ve, se siente, Ernesto con los dientes". Susana no aguanta tanta humillación y sale corriendo del local, se sube a un taxi, Ernesto se sube detrás de ella.

Ya dentro del taxi, la pobre mujer en su indignación trata de golpear a Ernesto en el rostro y en los testículos y él hace piruetas para cubrirse.
- Pero mi amor calmate, te puedo explicar - en eso el chofer del taxi se voltea y le dice "Coño Dr. Rodríguez nosotros hemos llevado putas locas pero como ésta ninguna".

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